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REFLEXIÓN DOMINICAL 13/04/2014

 

Domingo de Ramos.

Hno. Mariosvaldo Florentino, OFMCap

 


Gotas de paz

13 de Abril de 2014.

¡Querido hermano, querida hermana, Paz y Bien!

Años atrás yo había propuesto algo diferente para la semana santa, y tuve muy lindos testimonios. Así decidí en este año, proponer de nuevo, con algunos arreglos, la misma experiencia.

Con el Domingo de Ramos iniciamos la Semana Santa. Son los momentos centrales de nuestra fe cristiana. Es la fuente principal de todo lo que significa nuestra espiritualidad, pero infelizmente a veces la vivimos muy ligeramente. ¡Que pena! Muchas cosas podrían ser diferentes en nuestra propia vida y a nuestro alrededor, si no tomásemos estos hechos como cosas del pasado, más al contrario, si consiguiéramos revivirlo a nuestra realidad como si fueran hoy.

Por eso me tomo la libertad de proponerte Gotas de Paz con una forma especial para esta Semana Santa. Si puedes, seria lindo vivir estos días como un retiro, mismo que estés en tu trabajo, o con otras cosas. Mi invitación es que te dispongas interiormente a vivir una semana diferente.

Propongo una pequeña reflexión para cada día (y que solo deben ser leídas en ese día, no antes ni después). Sugiero que encuentres un Crucifijo que deberá acompañarte toda la semana. Seria lindo hacer al menos dos momentos de oración, por la mañana delante del crucifijo leer el texto, y buscar durante todo el día, en el trabajo, en el autobús, en la calle tener siempre presenta la idea central del día. A la noche si es posible, lo ideal seria participar de una misa y allí en tu silencio entregar a Dios todo lo que cosechaste durante el día. Si no es posible ir a la misa, podría ser un nuevo encuentro con tu crucifijo, y delante de El abrir tu corazón y dejar que El te sondee. Y concluir con un propósito, que seria lindo escribirlo, y una oración espontánea o alguna de las conocidas.

Si estas dispuesto, ¡coraje! Yo estaré rezando por ti, para que Dios haga maravillas en tu vida y te haga vivir una “santa” semana. También tú podrás rezar una Padre nuestro y una Ave-María por todos los otros que también estarán en “retiro”.

Que Dios te bendiga.

Domingo de Ramos

“Bendito el que viene en el nombre del Señor.” Mt 21, 1-11.

En este domingo celebramos la entrada “triunfal” de Jesús a Jerusalén. El, sabía del peligro que corría por estar allí. Pero, vino. Debía llevar hasta el fin su misión. El pueblo lo aclama con alegría y vivacidad. Pero Jesús no se ilusiona, no es un populista. Sabe que la masa que un día aplaude, en el otro apedrea. Sabe que su reino no es hecho de muchedumbres, pero de cada persona que experimentando la radicalidad de su amor, se siente movida desde lo mas profundo del corazón a hacer lo mismo. Jesús sabe que en Jerusalén le espera la traición, mucho dolor, muchas críticas... pero por su amor está dispuesto. Así también hoy Jesús quiere entrar en tu vida, y espera escuchar, al menos hoy, que digas “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. El también sabe que es un riesgo entrar en nosotros. El sabe de nuestras inconsistencias, de nuestras debilidades, de nuestros pecados. Pero está dispuesto a cargar nuestros dolores en su cruz y a morir de nuevo para transformarnos. Y yo: ¿Estoy abierto a Jesús? ¿Estoy dispuesto a acogerlo sin máscaras y a mostrarle todos los recintos de mi ser? ¿Es él, verdaderamente bienvenido? Te propongo para este primer día de la semana santa un acto de fe, que podrás repetirlo durante toda la jornada: “Jesús, mi salvador y redentor, en tu pasión yo puedo renacer.”

Lunes Santo – 14 de abril de 2014

“Ungió con él los pies del Señor y los seco con sus cabellos.

Y la casa se llenó con el olor del perfume.” Jn 12, 1-11.

Como es lindo este texto. Que sensibilidad y que entrega la de María. El perfume era carísimo, Judas protesta (el valor era suficiente para pagar el salario de un jornalero por 300 días). Pero no importa, el amor y la gratitud de Maria es mucho mayor. Ayer recibiste a Jesús en tu casa. Pero hoy que harás con él. Donde está tu perfume precioso para lavar sus pies. Estas dispuesto a entregar al Señor alguna cosa muy importante para ti. ¡Tienes fe suficiente para dar alguna cosa que te cueste! Decía Madre Teresa de Calcuta: “Amar es dar hasta que duela.” No una cosa que te sobra, pero algo lindo. Jesús esta dispuesto a darte su vida.

Lo lindo es que “la casa se llenó con el olor del perfume”. No solo Jesús se quedó oloroso, pero toda la casa de Maria. Haga la prueba. Jesús está contigo. Permita que él te indique de que cosa podrás deshacerte. Y si tienes coraje entrégalo en la misa, o a una institución de caridad, pero que nadie sepa. ¡Nadie! Que sea un secreto solo tuyo y de Jesús. Que nadie te agradezca, para que solo Dios pueda hacerlo.

No te olvides “Donde está tu corazón, ahí está tu tesoro.” Repita durante este día, cuantas veces puedas esta frase de un santo capuchino (San Félix de Cantalicio) “Jesús, Jesús, Jesús, toma mi corazón y no me lo devuelvas.”

Martes Santo

“En verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar.”

“En verdad te digo: antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces.” (Jn 13, 21- 38).

El evangelio de hoy nos presenta una doble traición hecha a Jesús por sus amigos mas allegados. Uno por dinero y otro por miedo. Los motivos son siempre diversos, mas la traición es concreta. Seguramente todos nosotros ya tuvimos la experiencia de la traición, es muy común en nuestro medio, aun más cuando los valores están en crisis. Pero no son de las traiciones que otros nos hicieron, y que debemos perdonar si queremos vivir profundamente la pascua, que quiero hablarte hoy. Deseo hablarte de las veces que tú fuiste el traidor. Quiero que pienses con serenidad y reconozcas todas las traiciones que hiciste: a Dios, a la Iglesia, a tu familia (padres, esposa/o, hijos, primos, suegros,...) a tus amigos, a tus compañeros, a ti mismo... estas son las cosas que llamamos pecados. Si te es posible anote todos estos pecados y busque un sacerdote y te confieses. Jesús ya sabe, es cierto, pero si tú tienes el coraje de asumir delante de la Iglesia, él vendrá a defenderte y a curarte. Viva todo este día como si fuera un gran acto penitencial. Pida que el Señor te ilumine para que puedas reconocer todas tus falencias. Jesús quiere lavarte. Repita durante todo el día: “Jesús, hijo de David, ten compasión de mi.” Y si a la noche, después de esta reflexión, dijeras “Padre, cuanta cosa descubrí, cuantas traiciones, yo ya no soy digno de ser llamado tu hijo...” Tenga la certeza que el Padre eterno vendrá corriendo, te abrazará, te cubrirá de besos y hará una fiesta para ti.

Miércoles santo

“Mi hora se acerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.” (Mt 26, 14-25).

Que gracia Jesús te da. Escogió tu casa para celebrar su pascua con sus discípulos. Esta pascua, esta cena, esta primera misa de la historia... podemos llamar con tantos nombres, es muy importante, pues debe marcar la vida de cada uno de los presentes, pues el alimento es la propia carne de Jesús, y la bebida su propia sangre. Pero, ¿por que en tu casa? Seguramente es porque el te esta acompañando y vio lo que hiciste ayer, y también antes de ayer. Buscar la reconciliación, el perdón de los pecados, es limpiar nuestra casa. Hacer obras de caridad es adornar nuestra casa. Una amistad no puede quedarse sin una comida. Jesús hoy quiere sentarse a la mesa contigo. Jesús quiere alimentarte y hablarte con aquellas palabras que ningún otro te podrá decir. Seria muy lindo si hoy durante el día pudieras escribir unas palabras para poder decirle a Jesús, en la misa después de la comunión, cuando el esta de un modo muy especial en tu ser (“en tu casa”). Por mas que nos preparemos, la gracia de su presencia siempre nos ultrapasa. Por eso prepárate hoy, mas que nunca para recibirlo diciendo: “Señor yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.” No te olvides que Jesús nos dice: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mi nunca tendrá hambre, el que cree en mi nunca tendrá sed.”

Jueves santo

“y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.”

“se levantó mientras cenaba... y se puso a lavarles los pies a sus discípulos...” (Jn 13, 1-15).

Hoy, jueves santo, la Iglesia celebra la institución del sacerdocio y de la eucaristía. Ciertamente todos nosotros reconocemos la importancia de estos dos sacramentos. Y nunca es mucho agradecer a Dios por estos dones. Jesús sabía lo que le iba suceder, pero sabía también que su muerte no seria el fin de esta naciente comunidad, y necesitaba dejar las bases para lo que vendría después. La eucaristía y la pasión son los dos lados de la misma moneda, del misterio de Jesús redentor. A través de la eucaristía nosotros participamos del único sacrificio. Pero Jesús nos dijo: “Hagan esto en memoria mía.” Y éstas palabras no son solamente una invitación a repetir el Rito, pero mucho mas, son un desafío a dar también la sangre por los hermanos. Más concreto Jesús no podría haber sido, cuando terminaba la cena tomó una palangana y empezó a lavar los pies de cada uno de sus discípulos. Seguramente algunos de ellos pensaron que Jesús (hombre-Dios) estaba loco. Quien se podría imaginar que Dios podría llegar a hacer esto: lavar nuestros pies. Pero si entramos en la lógica del amor entendemos que para uno que estaba dispuesto a dar la propia vida, lavar los pies era hasta fácil, era una placer. Dios es amor, y solo quien ama de verdad puede entender la razones de Dios (nos dice san Juan). Querido hermano la eucaristía (misa) no puede quedarse en una practica ritual, debe transformarse en acción concreta para con los hermanos. Te propongo hoy meditar sobre este gesto de Jesús. Más aun, de dejar que el Señor del Cielo y de la Tierra lave hoy tus pies, como un signo de cuanto te estima y te ama Dios. Y así sintiendo puedas imitarlo en su gesto.

Pregúntate hoy cuales son las señales concretas del amor de Dios en tu vida. Pregúntale también como puedes hacer lo mismo en tu vida.

Diga hoy durante todo el día: “Jesús que me has amado hasta el extremo, ¿qué quieres que yo haga?”

Viernes Santo

“...uno de los soldados le abrió el costado de una lanzada y al instante salió sangre y agua.”

“Contemplaran al que traspasaron.” (Jn 18-19)

Aquel viernes sin dudas fue el más trágico de la historia. El propio Hijo de Dios, el amor que se hizo carne, fue torturado, motivo de burlas, escupido, condenado y asesinado. A que punto llegó el odio por el amor. Hasta donde pueden llegar las fuerzas del mal. Pero Dios en su infinita sabiduría supo transformar toda esta tragedia en gracia para nosotros. Dice san Pablo: “En sus heridas nosotros fuimos sanados.” Por su sangre derramada, nosotros fuimos purificados.

Seguramente aquel soldado no sabía que al traspasar a Jesús estaría dando a la humanidad una de las imágenes más lindas del amor: Dios tiene su corazón abierto a nosotros. Y a través de los sacramentos, especialmente el bautismo y la eucaristía, esta agua y esta sangre sigue llegando a todos.

Querido hermano (hermana) hoy es día de revivir el misterio de cruz. Haga alguna penitencia, seria y fuerte. Junta tu sacrificio al dolor de Cristo. Pide al Señor de hacer nacer en tu corazón los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús. Ponte al pie de la cruz y permite que su sangre te lave. Y por sobre todo agradezca, pues yo estoy seguro que cuando Jesús estaba allí en la cruz, él se acordó de ti, de tu nombre, de tu historia, de tus problemas, y te amó hasta la última gota.

Hoy acompaña a Jesús en su dolor, haga silencio, interior y exterior, deje que estos hechos te hablen. Repita cuanto pueda: “En tus llagas Señor, hazme nacer de nuevo.”

Hoy la Iglesia nos invita a acompañar el silencio de María. Dice la tradición que al retirar el cuerpo de la cruz María lo recibió en sus brazos. Me imagino el dolor de esta madre. Me imagino cuantas preguntas en el silencio de su corazón. Aquel mismo Jesús que ella dio a la luz, que amamantó, que enseñó a caminar... ahora está de nuevo en sus brazos, pero ya no habla, ya no escucha, ya no ve, ya no siente nada. Ni mismo su corazón ya no late. María experimenta el silencio de Dios.

También nosotros muchas veces hacemos una experiencia semejante. Parece que Dios no nos oye, no nos ve, no nos habla... A veces pasamos por momentos de dolor muy grandes, y nuestra vida se hace noche y parece que Dios ni se entera.

Este es el momento de la fe. Tener fe cuando todo este bien, es fácil, o mejor ni se necesita tenerla, basta disfrutar. Sin embargo, tener fe, cuando se está en medio de la prueba, aun sin ver ninguna luz, es seguir confiando y esperando. Pues de lo profundo del corazón nace la certeza que Dios, si nos abandona en algunos momentos, es porque ya tiene preparado algo mucho mejor para después, y quiere ayudarnos a crecer, a abandonar una fe ingenua, a madurar en nuestra vida llevándonos a la plenitud.

El silencio de Dios, fue acogido en el silencio de María. Como mujer de fe ella esperó en el Señor. Sabia que Dios en su momento si manifestaría. Así hasta las pruebas son ternura de Dios que nos quiere maduros y grandes en la fe. Por eso, hoy invita a María a pasar todo el día contigo. Jesús pidió al discípulo amado que la llevara a su casa. Hoy tú eres el discípulo amado de Jesús. Lleva María contigo. Habla con ella de tu experiencia de Dios (¿Quien es Dios para ti?) pregunte a María como es su experiencia de Dios (¿Quien es Dios para ella? Pídale que te cuente sus recuerdos.) Hable y escuche. Mantente en clima de recogimiento, como de quien está con la madre de un hombre que ayer fue muerto. Con ella, repita muchas veces: “Jesús, en vos confío y espero.” No te olvides de participar de la vigilia pascual.

“No se asusten. Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el que fue crucificado. Resucitó, no está aquí.” (Mc 16, 1-8).

Después de toda esta semana intensa como no explotar de alegría con esta noticia. Cristo Resucitó. La vida venció a la muerte. Ni la muerte es más fuerte que Dios. La sepultura está vacía. María es toda alegría, no fue defraudada. Como también no será nadie de los que en él esperan.

La resurrección de Cristo es la comprobación de: que su proyecto de amor y de servicio era correcto, y que vale la pena asumirlo; que perdonar a los demás aun cuando nos clavan es lo mejor para no cargar pesos en el corazón; que dar la otra mejilla no significa ser el perdedor; que amar y ayudar hasta a los enemigos no es ser un chiflado; que el cielo es el mejor lugar para guardar nuestros tesoros; que no necesitamos pisar en nadie para poder crecer; que lavar los pies de los demás espontáneamente no es perder la dignidad; que acoger a los pecadores y a las prostitutas no me contamina; que no juzgar o condenar a nadie no me hace un despistado; y en fin que el mal aun siendo fuerte no vencerá; pues solamente Jesús venció al mundo, y aquellos que están con él podrán participar de su victoria.

¡Felices Pascuas! Que Cristo Resucitado sea la luz de tu vida.

¡Paz y bien!
Un fuerte abrazo, en el amor de Cristo que nos une.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.


LECTURAS DE LA LITURGIA

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

Primera Lectura: Isaías 50, 4-7

"No oculté el rostro a insultos; y sé que no quedaré avergonzado"

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado.

Salmo Responsorial: 21

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"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Al verme se burlan de mí, / hacen visajes, menean la cabeza: / "Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; / que lo libre si tanto lo quiere". R.

Me acorrala una jauría de mastines, / me cerca una banda de malhechores; / me taladran las manos y los pies, / puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa, / echan a suerte mi túnica. / Pero tú, Señor, no te quedes lejos; / fuerza mía ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos, / en medio de la asamblea te alabaré. / Fieles del Señor, alabadlo; / linaje de Jacob, glorificadlo; / temedlo, linaje de Israel. R.

Segunda Lectura: Filipenses 2, 6-11

"Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo"

Hermanos: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se dobla -en el cielo, en la tierra, en el abismo-, y toda lengua proclame: "¡Jesucristo es Señor!", para gloria de Dios Padre.

Evangelio: Mateo 26, 14-27, 66

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo:

C. En aquel tiempo uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

S. "¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?"

C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

S. "¿Donde quieres que te preparemos la cena de Pascua?"

C. Él contestó:

+ "Id a casa de Fulano y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos"".

C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:

+ "Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar".

C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:

S. "¿Soy yo acaso, Señor?"

C. Él respondió:

+ "El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!, más le valdría no haber nacido".

C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

S. "¿Soy yo acaso, Maestro?".

C. Él respondió:

+ "Así es".

C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo:

+ "Tomad, comed: esto es mi cuerpo".

C. Y cogiendo un cáliz pronunció la acción de gracias y se lo pasó diciendo:

+ "Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el Reino de mi Padre"

C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:

+ "Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño". Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea".

C. Pedro replicó: S. "Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré".

C. Jesús les dijo:

+ "Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante tres veces, me negarás".

C. Pedro le replicó: S. "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré".

C. Y lo mismo decían los demás discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:

+ "Sentaos aquí mientras voy allá a orar".

C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo:

+ "Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo".

C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:

+ "Padre mío, si es posible, que pase y se aleje d mí ese cáliz. pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres".

C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:

+ "¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil".

C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

+ "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad".

C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque estaban muertos de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:

+ "Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega".

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:

S. "Al que yo bese, ése es: detenedlo".

C. Después se acercó a Jesús y le dijo: S. "¡Salve, Maestro!"

C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

+ "Amigo, ¿a qué vienes?"

C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:

+ "Envaina la espada: quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura que dice que esto tiene que pasar".

C. Entonces dijo Jesús a la gente:

+ "Habéis salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis".

C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se había reunido los letrados y los senadores. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:

S."Este ha dicho: "Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días".

C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:

S. "¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?"

C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:

S. "Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios".

C. Jesús respondió:

+ "Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo."

C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:

S. "Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?"

C. Y ellos contestaron:

S. "Es reo de muerte".

C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:

S. "Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado".

S. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:

S. "También tú andabas con Jesús el Galileo".

C. Él lo negó delante de todos diciendo: C. "No sé qué quieres decir".

C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:

S. "Este andaba con Jesús el Nazareno".

C. Otra vez negó él con juramento:

S. "No conozco a ese hombre".

C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron: "Seguro; tú también eres de ellos, se te nota en el acento".

C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:

S. "No conozco a ese hombre".

C. Y en seguida cantó el gallo. Pedro se acordó de aquella palabras de Jesús: "Antes de que cante el gallo me negarás tres veces". Y saliendo afuera, lloró amargamente. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces el traidor sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de palta a los sumos sacerdotes y senadores diciendo:

S. "He pecado, he entregado a la muerte a un inocente".

C. Pero ellos dijeron:

S. "¿A nosotros qué? ¡Allá tú!"

C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:

S. "No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas porque son precio de sangre".

C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía "Campo de Sangre". Así se cumplió lo escrito por Jeremías el profeta: "Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor". Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:

S. "¿Eres tú el rey de los judíos?"

C. Jesús respondió:

+ "Tú lo dices".

C. Y mientras la acusaban los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:

S. "¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?"

C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:

S. "¿A quien queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman Mesías?"

C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

S. "No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él"

C. Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:

S. "¿A cuál de los dos queréis que os suelte?"

C. Ellos dijeron:

S. "A Barrabás".

C. Pilato les preguntó:

S. "¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?"

C. Contestaron todos:

S. "¡Que lo crucifiquen!"

C. Pilato insistió:

S. "Pues ¿qué mal ha hecho?"

C. Pero ellos gritaban más fuerte:

S. "¡Que lo crucifiquen!"

C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo:

S. "Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!"

C. Y el pueblo contestó:

S. "¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!"

C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotado, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: S. "¡Salve, rey de los judíos"!

C. Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.

C. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir "La Calavera"), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo, probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: "Este es el Rey de los Judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza:

S. "Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz".

C. Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo:

S. "A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?".

C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:

+ "Elí, Elí, lamá sabaktaní" C. (Es decir: + "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?")

C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:

S. "A Elías llama éste".

C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. los demás decían:

S. "Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo".

C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rasgaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados:

S. "Realmente éste era Hijo de Dios"

C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos. Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro. A la mañana siguiente, pasado el día de la preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:

S. "Señor, nos hemos acordado que aquel impostor estando en vida anunció: "A los tres días resucitaré". Por eso da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los muertos". La última impostura sería peor que la primera. Pilato contestó:

S. "Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis".

C. Ellos fueron, sellaron la pierda y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.


 

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 ®2012 – Para la mayor gloria de Dios

Salmos de Adviento - Ciclo C