SEGUNDA PARTE
LAS GRANDES ENSEÑANZAS DE SAN PABLO

CAPÍTULO II
La Santísima Trinidad

 

 

Ya hemos dicho en otro momento cómo el problema fundamental de Pablo, un israelita fiel y observante, fue pasar del Antiguo al Nuevo Testamento.

En el momento de su transformación Pablo percibe que Jesucristo es Dios. Su muerte y resurrección atestiguan su divinidad. Nunca podremos saber hasta qué punto Dios le reveló su misterio.

Lo que sí es cierto es que Pablo nos va a hablar muchas veces del "Padre de nuestro Señor Jesucristo" (1Co 1,3), de Jesús mismo, Dios verdadero, y del Espíritu de Dios que estando en Dios nos hace sentir a nosotros hijos en el Hijo, hasta poder exclamar: "Abba, Padre".

El estudio del capítulo 8 de la Carta a los Romanos tiene una luz muy grande para que podamos descubrir el misterio trinitario y cómo precisamente por el Espíritu podemos ser herederos de Dios en Cristo.

De esta manera, sin dejar el monoteísmo, esencia de la fe de Israel, Pablo descubre que en ese único Dios, a quien adora desde niño, hay tres personas distintas (aunque nunca habla expresamente del nombre de la Trinidad).

Pablo nombra muchas veces al Padre. Examinemos algunos textos:
- Hay uno solo: "un solo Espíritu, un solo Señor, un solo Dios y Padre de todos" (Ef 4,5).
- Es Padre de nuestro Señor Jesucristo: "El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo" (Rm 15,16; ver 2Co 11,31).
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo" (Ef 1,3).
- Es Padre de todos nosotros:
"El que entregó a su Hijo único, ¿cómo no nos dará todo?" (Rm 8,32).
"La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama Abba, Padre" (Ga 4,6).
- Por Jesucristo vamos al Padre en el Espíritu Santo:
"Pues por él unos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu" (Ef 2,18).

San Pablo nos habla de manera especial del Espíritu Santo.
- El Espíritu nos da vida: "La letra mata, el Espíritu da vida"(2Co 3,6).
- Nos da la libertad verdadera (ver Rm 6,22; 1Co 7,22; Ga 5,1 ss).
- Nos hace templos de Dios (1Co 3,16; 6,19-20).
- Él nos hace hijos al meternos en la familia de Dios:"sólo son hijos de Dios los movidos por el Espíritu" (Rm 8,14).
- Él nos resucita y da vida eterna (Rm 8,11).
- Nos enseña a rezar, o mejor, reza en nosotros (Rm 8, 26-27).
- Más aún, Él libera la misma naturaleza (Rm 8,19). .
- Después de manifestar las maravillas que hace el Espíritu en nosotros, san Pablo, dice: "No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios" (Ef 4,30).

Profundizando en todas estas citas descubrimos una doble enseñanza de san Pablo: el Espíritu Santo no se limita a actuar en nosotros (dimensión dinámica y operativa) sino que también influye en nuestro ser cristiano. Por tanto, el Espíritu nos penetra hasta lo más profundo de nuestro ser: "no recibisteis un espíritu de esclavo para recaer en el temor, antes bien recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abba, Padre! (Rm 8,15).

Así, pues, se ve claramente que el cristiano, incluso antes de actuar, ya posee una interioridad rica y fecunda que le ha sido donada en los sacramentos del bautismo y la confirmación, una interioridad que lo sitúa en una relación objetiva y original de filiación con respecto a Dios.

Nuestra gran dignidad consiste, precisamente, en que no sólo somos imagen de Dios sino que somos también hijos de Dios. Decir "somos" quiere decir que toca nuestra esencia, por eso decimos que esos sacramentos "imprimen carácter".

San Pablo, pues, nos invita a transformar este regalo de Dios en algo vivencial; que lo hagamos consciente para que mueva todo nuestro pensar y actuar: "¡Soy hijo de Dios!"

Hay otro aspecto propio del Espíritu Santo que nos enseña san Pablo, su relación con el amor.
Dice: "El amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado"(Rm 5,5).

Y es que el Espíritu Santo es "esa potencia interior que armoniza el corazón de los creyentes con el corazón de Cristo y los mueve a amar a los hermanos como Él los ha amado" (Dios es amor, 19).

El Espíritu nos sitúa en el ritmo de la vida divina, que es vida de amor, haciéndonos participar personalmente en las relaciones que se dan entre el Padre y el Hijo.

No olvidemos que el amor es un fruto del Espíritu Santo (Ga 5,22) y el Espíritu es quien crea la comunión dentro de la comunidad cristiana (2Co 13,13).

Sabemos finalmente que el Espíritu nos estimula a entablar relaciones de caridad con todos los hombres. De este modo, cuando amamos, dejamos espacio al Espíritu, le permitimos expresarse en plenitud, a través de nosotros.

Podemos decir que ésta es la gran enseñanza de Pablo. Te invito a meditarlo.
Que la acción del Espíritu oriente nuestra vida hacia los grandes valores del amor, la alegría, la comunión y la esperanza.

Resumen
San Pablo no nombra a la Santísima Trinidad, pero en la revelación que le regaló Jesús descubrió que en el único Dios del Antiguo Testamento había tres personas. Por eso nos habla mucho del Padre, del Espíritu Santo y siempre de Jesús que está vivo porque es Dios.

Aplicación
¿Estás seguro de que la Santísima Trinidad es la "Patrono y compañera de tu vida? ¿La llevas siempre en tu mente y en tu corazón?

Texto para memorizar
"La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo sea con todos nosotros" (2Co 13,13).

 

 

 2012 Para la mayor gloria de Dios