Ya
hemos dicho
en otro
momento
cómo
el problema
fundamental
de Pablo,
un israelita
fiel y observante,
fue pasar
del Antiguo
al Nuevo
Testamento.
En
el momento
de su transformación
Pablo percibe
que Jesucristo
es Dios.
Su muerte
y resurrección
atestiguan
su divinidad.
Nunca podremos
saber hasta
qué
punto Dios
le reveló
su misterio.
Lo
que sí
es cierto
es que Pablo
nos va a
hablar muchas
veces del
"Padre
de nuestro
Señor
Jesucristo"
(1Co 1,3),
de Jesús
mismo, Dios
verdadero,
y del Espíritu
de Dios
que estando
en Dios
nos hace
sentir a
nosotros
hijos en
el Hijo,
hasta poder
exclamar:
"Abba,
Padre".
El
estudio
del capítulo
8 de la
Carta a
los Romanos
tiene una
luz muy
grande para
que podamos
descubrir
el misterio
trinitario
y cómo
precisamente
por el Espíritu
podemos
ser herederos
de Dios
en Cristo.
De
esta manera,
sin dejar
el monoteísmo,
esencia
de la fe
de Israel,
Pablo descubre
que en ese
único
Dios, a
quien adora
desde niño,
hay tres
personas
distintas
(aunque
nunca habla
expresamente
del nombre
de la Trinidad).
Pablo
nombra muchas
veces al
Padre. Examinemos
algunos
textos:
- Hay uno
solo: "un
solo Espíritu,
un solo
Señor,
un solo
Dios y Padre
de todos"
(Ef 4,5).
- Es Padre
de nuestro
Señor
Jesucristo:
"El
Dios y Padre
de nuestro
Señor
Jesucristo"
(Rm 15,16;
ver 2Co
11,31).
"Bendito
sea el Dios
y Padre
de nuestro
Señor
Jesucristo"
(Ef 1,3).
- Es Padre
de todos
nosotros:
"El
que entregó
a su Hijo
único,
¿cómo
no nos dará
todo?"
(Rm 8,32).
"La
prueba de
que sois
hijos es
que Dios
ha enviado
a vuestros
corazones
el Espíritu
de su Hijo
que clama
Abba, Padre"
(Ga 4,6).
- Por Jesucristo
vamos al
Padre en
el Espíritu
Santo:
"Pues
por él
unos y otros
tenemos
acceso al
Padre en
un mismo
Espíritu"
(Ef 2,18).
San
Pablo nos
habla de
manera especial
del Espíritu
Santo.
- El Espíritu
nos da vida:
"La
letra mata,
el Espíritu
da vida"(2Co
3,6).
- Nos da
la libertad
verdadera
(ver Rm
6,22; 1Co
7,22; Ga
5,1 ss).
- Nos hace
templos
de Dios
(1Co 3,16;
6,19-20).
- Él
nos hace
hijos al
meternos
en la familia
de Dios:"sólo
son hijos
de Dios
los movidos
por el Espíritu"
(Rm 8,14).
- Él
nos resucita
y da vida
eterna (Rm
8,11).
- Nos enseña
a rezar,
o mejor,
reza en
nosotros
(Rm 8, 26-27).
- Más
aún,
Él
libera la
misma naturaleza
(Rm 8,19).
.
- Después
de manifestar
las maravillas
que hace
el Espíritu
en nosotros,
san Pablo,
dice: "No
entristezcáis
al Espíritu
Santo de
Dios"
(Ef 4,30).
Profundizando
en todas
estas citas
descubrimos
una doble
enseñanza
de san Pablo:
el Espíritu
Santo no
se limita
a actuar
en nosotros
(dimensión
dinámica
y operativa)
sino que
también
influye
en nuestro
ser cristiano.
Por tanto,
el Espíritu
nos penetra
hasta lo
más
profundo
de nuestro
ser: "no
recibisteis
un espíritu
de esclavo
para recaer
en el temor,
antes bien
recibisteis
un espíritu
de hijos
adoptivos
que nos
hace exclamar:
¡Abba,
Padre! (Rm
8,15).
Así,
pues, se
ve claramente
que el cristiano,
incluso
antes de
actuar,
ya posee
una interioridad
rica y fecunda
que le ha
sido donada
en los sacramentos
del bautismo
y la confirmación,
una interioridad
que lo sitúa
en una relación
objetiva
y original
de filiación
con respecto
a Dios.
Nuestra
gran dignidad
consiste,
precisamente,
en que no
sólo
somos imagen
de Dios
sino que
somos también
hijos de
Dios. Decir
"somos"
quiere decir
que toca
nuestra
esencia,
por eso
decimos
que esos
sacramentos
"imprimen
carácter".
San
Pablo, pues,
nos invita
a transformar
este regalo
de Dios
en algo
vivencial;
que lo hagamos
consciente
para que
mueva todo
nuestro
pensar y
actuar:
"¡Soy
hijo de
Dios!"
Hay
otro aspecto
propio del
Espíritu
Santo que
nos enseña
san Pablo,
su relación
con el amor.
Dice: "El
amor ha
sido derramado
en nuestros
corazones
por el Espíritu
Santo que
nos ha sido
dado"(Rm
5,5).
Y
es que el
Espíritu
Santo es
"esa
potencia
interior
que armoniza
el corazón
de los creyentes
con el corazón
de Cristo
y los mueve
a amar a
los hermanos
como Él
los ha amado"
(Dios es
amor, 19).
El
Espíritu
nos sitúa
en el ritmo
de la vida
divina,
que es vida
de amor,
haciéndonos
participar
personalmente
en las relaciones
que se dan
entre el
Padre y
el Hijo.
No
olvidemos
que el amor
es un fruto
del Espíritu
Santo (Ga
5,22) y
el Espíritu
es quien
crea la
comunión
dentro de
la comunidad
cristiana
(2Co 13,13).
Sabemos
finalmente
que el Espíritu
nos estimula
a entablar
relaciones
de caridad
con todos
los hombres.
De este
modo, cuando
amamos,
dejamos
espacio
al Espíritu,
le permitimos
expresarse
en plenitud,
a través
de nosotros.
Podemos
decir que
ésta
es la gran
enseñanza
de Pablo.
Te invito
a meditarlo.
Que la acción
del Espíritu
oriente
nuestra
vida hacia
los grandes
valores
del amor,
la alegría,
la comunión
y la esperanza.
Resumen
San Pablo
no nombra
a la Santísima
Trinidad,
pero en
la revelación
que le regaló
Jesús
descubrió
que en el
único
Dios del
Antiguo
Testamento
había
tres personas.
Por eso
nos habla
mucho del
Padre, del
Espíritu
Santo y
siempre
de Jesús
que está
vivo porque
es Dios.
Aplicación
¿Estás
seguro de
que la Santísima
Trinidad
es la "Patrono
y compañera
de tu vida?
¿La
llevas siempre
en tu mente
y en tu
corazón?
Texto
para memorizar
"La
gracia de
nuestro
Señor
Jesucristo,
el amor
del Padre
y la comunión
del Espíritu
Santo sea
con todos
nosotros"
(2Co 13,13).